La I+D+i será el pilar estratégico de la seguridad y la autonomía tecnológica español según el documento de Estrategia de Tecnología e Innovación 2026.
El ministerio de Defensa español, de mano de la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, y del director general de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa, general Miguel Ivorra, ha presentado la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2026.
Este documento es el que establece el marco estratégico de la política de I+D+i del ministerio de Defensa para los próximos años. En el mismo se tiene en cuenta el actual entorno de seguridad “marcado por la transformación tecnológica y geopolítica, en el que la superioridad tecnológica, la resiliencia operativa y la capacidad de adaptación resultan determinantes” señalan desde el ministerio; y se “sitúa la I+D+i en el centro de la política de defensa como pilar esencial, con el doble objetivo de impulsar capacidades militares avanzadas y reforzar la base industrial y tecnológica de la defensa”.
Dentro del documento se señalan, principalmente, como ámbitos prioritarios la inteligencia artificial, los sistemas no tripulados, la ciberdefensa, la integración multidominio, la energía dirigida o las tecnologías cuánticas; todo ello marcando la cooperación con socios nacionales, europeos y aliados, y la mejora de los procesos de gestión de la I+D+i, así como promoviendo “la innovación abierta, el uso dual de tecnologías y la incorporación de pymes, startups y centros de conocimiento”. Así, la nueva edición de la Estrategia de Tecnología e Innovación “da continuidad a ediciones anteriores con mayor ambición y orientación a resultados”.
Desde el ministerio continúan explicando que “la estrategia combina tres vectores de actuación que se despliegan de forma coordinada y complementaria: Un marco de priorización tecnológica que dirige la inversión hacia aquellas capacidades con mayor impacto en la operatividad y modernización de las fuerzas armadas; que permite identificar tecnologías clave para las grandes plataformas y sistemas de armas del futuro, abordar retos tecnológicos transversales y mantener una vigilancia activa sobre tecnologías emergentes con potencial disruptivo. Esta priorización asegura que la innovación se traduzca en capacidades reales, reduciendo riesgos tecnológicos y fortaleciendo la competitividad y la autonomía de dicha base industrial y tecnológica”.
El segundo vector es el de la cooperación tecnológica, “tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En España, potencia la coordinación con los organismos financiadores de la I+D+i civil, las comunidades autónomas y los ecosistemas de innovación, y la participación activa en iniciativas como el Fondo Europeo de Defensa, la Agencia Europea de Defensa y las nuevas herramientas industriales de la Unión Europea, además de reforzar la implicación en programas de innovación de la OTAN como DIANA. Esta proyección internacional favorece retornos tecnológicos, acceso a capacidades compartidas y un posicionamiento competitivo de la industria española en cadenas de valor estratégicas”.
El tercero es la impulsión de una mejora continua “de los procesos, instrumentos y modelos de gestión que sustentan la innovación en el ministerio de Defensa. Esto incluye modernizar los procedimientos de planificación, contratación y evaluación; reforzar los instrumentos para apoyar tanto la innovación temprana como la maduración tecnológica; facilitar el acceso a infraestructuras de ensayo y experimentación; y estrechar la interacción con la base industrial y tecnológica mediante actividades de vigilancia tecnológica, consultas tempranas y mecanismos estables de diálogo. Con ello, se busca un sistema más ágil, transparente y eficiente, capaz de acompañar a las tecnologías desde sus fases iniciales hasta su integración operativa”.






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