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Petróleo y transporte aéreo: un matrimonio condenado a entenderse

El petróleo sigue siendo la sangre de nuestras economías modernas. A día de hoy resulta todavía fundamental y es el rey de los combustibles. Si desapareciera de la noche a la mañana, se produciría un colapso inevitable en el mundo tal y como lo conocemos. Y este colapso afectaría especialmente a algunas industrias, en particular a la del transporte aéreo.

En este artículo haremos un breve análisis de cómo la coyuntura actual del petróleo puede afectar a nuestro sector ahora que estrenamos década.

El petróleo estrena 2020 con incertidumbres. Si echamos un vistazo al  precio del petróleo, enero de 2019 y enero de 2020 guardan importantes similitudes.  Ambos años comenzaron con la resaca de fuertes caídas previas y los inversores que hayan estado ágiles han podido obtener beneficios abriendo posiciones de venta utilizando alguno de los instrumentos disponibles en las plataformas de inversión modernas, como los CFD de materias primas. Y si tenemos que encontrar otra similitud entre ambos años sería, indudablemente, el miedo que la geopolítica siembra entre los inversores y entre los agentes de la industria aeroespacial.

Si 2019 tuvo como principal episodio el misterioso ataque contra unas de las instalaciones petrolíferas más importantes del mundo en Arabia Saudí, 2020 comenzaba con el terremoto que se ha producido tras la muerte del general iraní Soleimani en un ataque estadounidense en Irak. Ambos eventos provocaron un alza inmediata de la cotización del petróleo, pero en 2019 la respuesta quedó finalmente contenida y el precio no se disparó excesivamente. Lo que sucederá este año ya es más incierto: las consecuencias de un conflicto en Oriente Medio podrían iniciar un rally alcista con consecuencias importantes para la industria aeroespacial.

Una industria siempre muy sensible a la coyuntura del petróleo

Airbus A320 de Vueling

La industria aeroespacial tiene como talón de Aquiles su gran sensibilidad a los movimientos del precio del petróleo. Al requerir un consumo de ingentes cantidades de combustible, las alzas en los precios se dejan notar más que en otros sectores económicos. Y la volatilidad de los mercados del petróleo constituye siempre un verdadero quebradero de cabeza para las aerolíneas.

Cabe destacar que, por sorprendente que pueda parecer, incluso una bajada en los precios puede desembocar en consecuencias negativas a medio y a largo plazo. Si bien el debilitamiento de los precios del petróleo aumenta las ganancias de las aerolíneas, también puede traducirse en una bajada de los precios de los billetes que termina estimulando la demanda de viajes y empujando a las aerolíneas a aumentar su capacidad de satisfacerla. El problema llega entonces cuando las aerolíneas comienzan a abrir demasiadas rutas o a ampliar de manera demasiado ambiciosa sus flotas de aviones, ya que cuando la cotización del petróleo se recupera, el impacto económico derivado puede causar verdaderos estragos.

Los beneficios ocultos de precios del petróleo altos

Airbus podría anunciar pronto un aumento del peso máximo al despegue del A350-1000 como primer paso para su oferta a Qantas.

En los 10 años previos a 2014, la cotización del petróleo había crecido espectacularmente, llegando a llevar a la quiebra a más de una compañía y encareciendo el precio de los viajes en avión tras la resaca de la irrupción de las aerolíneas de bajo coste a principios de siglo. Pero tras años de precios de petróleo por las nubes, los fabricantes de aviones han ido desarrollando aviones con las últimas tecnologías disponibles para satisfacer las demandas de las aerolíneas, que necesitan optimizar al máximo los costes operativos derivados del consumo de combustible.

Por este motivo, si bien es innegable que los costes de adquisición son más elevados, los nuevos aviones ofrecen una mayor eficiencia energética que se traduce en una reducción del consumo de combustible y, por ende, en un ahorro en la factura de las aerolíneas. Esta mayor eficiencia en el consumo también contribuye a combatir el cambio climático, al reducir considerablemente las emisiones de gases contaminantes de los aviones.

En conclusión, el matrimonio entre la industria aeroespacial y el petróleo está condenado a entenderse. Ante las incertidumbres en los mercados, los protagonistas del sector tratan de compensarlas apostando por una gestión eficiente de sus planes comerciales y por el desarrollo de tecnologías que maximicen en la medida de lo posible el consumo de combustible. La pregunta que cabe hacerse es si estos intentos serán suficientes para afrontar el probable escenario de precios a la alza en esta década que acabamos de estrenar.

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