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La misión BepiColombo de ESA y JAXA entra en su fase final

La recepción de la señal a través de dos antenas de espacio profundo de Estrack, situadas en Cebreros (España) y Malargüe (Argentina), ha confirmado la separación exitosa del Módulo de Transferencia a Mercurio (MTM) de BepiColombo del conjunto de la nave espacial. La telemetría actual indica que todos los sistemas funcionan según lo previsto y que los paneles solares del MPO están cargando las baterías de la nave.

Tras casi ocho años en el espacio y miles de millones de kilómetros recorridos, los dos orbitadores científicos de BepiColombo, el MPO de la ESA y el Mio de la JAXA, se dirigen ahora hacia la inserción en órbita alrededor de Mercurio. El MPO suministrará energía al conjunto de la nave hasta que el Mio se separe, entre el 9 y el 10 de diciembre de 2026.

La misión BepiColombo es un proyecto conjunto de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) que se lanzó en octubre de 2018. Tras una ardua travesía por el sistema solar interior, la misión afrontó el jueves (3 de septiembre) una maniobra crucial: separar su equipo científico del módulo de transporte que lo llevó hasta allí. Para abril de 2027, los científicos esperan que las dos sondas de la misión estén recopilando una gran cantidad de datos sobre Mercurio.

Por ahora, Mercurio ostenta el dudoso honor de ser el planeta menos explorado del sistema solar interior. Ha sido visitado por solo dos misiones hasta la fecha. La sonda Mariner 10 de la NASA realizó tres sobrevuelos rápidos en 1974 y 1975. Ofreció a los científicos las primeras imágenes de la superficie agrietada y llena de cráteres del planeta, y confirmó que este mundo posee una atmósfera muy tenue y un campo magnético.

Los científicos no regresaron a Mercurio hasta 2011, cuando la sonda MESSENGER de la NASA llegó a este pequeño mundo. (Mercurio tiene un radio de 2.440 kilómetros, lo que significa que su anchura es poco más de un tercio de la de la Tierra). La sonda estaba equipada con herramientas diseñadas específicamente para la misión. Entre ellos, espectrómetros calibrados para rayos gamma, rayos X y neutrones, e instrumentos para analizar la atmósfera y medir el campo magnético. Cuatro años de observaciones de la MESSENGER permitieron a los científicos ver la superficie completa de Mercurio por primera vez; hacia el final de la misión, la nave sobrevolaba el planeta a una altura de apenas 25 km.

La MESSENGER sacó a la luz otros misterios de menor escala. Descubrió unas depresiones brillantes de paredes escarpadas que los científicos bautizaron como “huecos”. Detectó una serie de elementos, denominados “volátiles” por los científicos planetarios, debido a su tendencia a desprenderse de la roca. Estos abundan más en la superficie de Mercurio que en la de la Tierra. Calculó que el centro del campo magnético del planeta está considerablemente desplazado con respecto a su núcleo. Además, debido a la compleja órbita de la MESSENGER, la nave nunca pudo observar el hemisferio sur con la misma nitidez que el norte, dejando una parte del planeta envuelta en la incertidumbre.

Dos naves: MPO y Mio.

La ambiciosa misión BepiColombo aspira a desentrañar estos misterios. Para el mes de abril, si todo marcha según lo previsto, la misión constará de dos naves espaciales distintas que recopilarán datos independientes pero coordinados sobre Mercurio.

El Orbitador Planetario de Mercurio (MPO) de Europa se centrará en el planeta propiamente dicho. Está equipado con 11 instrumentos científicos destinados a cartografiar el terreno, los minerales de la corteza y el campo gravitatorio. También investigará las depresiones y los depósitos volcánicos y observará cómo el bombardeo de partículas cargadas procedentes del Sol afecta a este planeta más cercano a nuestra estrella.

Por su parte, el Orbitador Magnetosférico de Mercurio (Mio) de Japón se concentrará en el entorno del planeta. Esta es, su magnetosfera y su tenue atmósfera, así como el polvo presente en sus inmediaciones. Ambas naves transportan también instrumentos para medir el campo magnético del planeta. Permitirá a los científicos, acostumbrados habitualmente a trabajar con datos obtenidos desde un único punto a la vez, a realizar observaciones simultáneas de distintas zonas de dicho campo.

De hecho, algunos de estos instrumentos ya han logrado recopilar datos durante la larga travesía de BepiColombo hacia Mercurio, y en los seis sobrevuelos rápidos realizados hasta la fecha. Sin embargo, debido a la configuración de las naves para el viaje, la mayoría de los instrumentos no han funcionado hasta que el MPO y el Mio se separen, algo previsto para el mes de diciembre.

La actividad científica de la misión ha comenzado de forma gradual. Se esperan con especial interés las imágenes nítidas del hemisferio sur que captarán las naves. Sobre todo, la posibilidad de hallar depósitos ocultos de hielo de agua en esa zona. Dichos depósitos se encontrarían en cráteres profundos donde nunca llega el calor del Sol. Al examinar esta región del planeta, los científicos podrán compensar el sesgo hacia el hemisferio norte que presentaban los datos de la misión MESSENGER y obtener una visión más completa de Mercurio.

Por otro lado, se aguarda con gran expectación la labor del MPO para cartografiar los elementos y minerales de la superficie del planeta. Este objetivo resultó inalcanzable para la sonda MESSENGER, que empleaba una técnica basada en la premisa de que estas rocas eran ricas en hierro y materiales similares. Sin embargo, se descubrió que dichos elementos estaban ausentes, lo que dejó desconcertados a los científicos.

La sonda MPO incorpora una tecnología diferente capaz de analizar las rocas del planeta incluso en ausencia de hierro. Esto podría ayudar a revelar cómo se formó Mercurio, y todo nuestro sistema solar.

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